La Montañita que conocí
POR CARLOS JURADO PERALTA La primera vez que fui a Montaña fue en abril de 1985 con unos amigos que estaban paranoicos por olas grandes, no porque las quisieran sino que más podía su sed de farándula y sus ganas de contar historias amagador

POR CARLOS JURADO PERALTA
En esos años si querías comer bastante y súper barato te ibas donde Helena, justo en la mitad del pueblo, todos entrábamos a ver qué cocinaba, elegíamos el pescado, los pedazos de chancho o chivo, o lo que furere, los verdes, los maduros, las papas y hasta las cebollas. Era comer a lo loco y barato, increíblemente barato, inclusive para los parámetros de los chiros como yo en ese entonces.
De tiempo en tiempo, cuando las cosas mejoraban por alguna comisión que me ganaba comía donde Ned en elRincón del Amigo y hasta me tomaba cervezas, con el tiempo yo le llevaba cervezas y licores importados y cruzábamos cuentas, las cosas mejoraron notablemente pero no dejaba de ir donde Helena. Las noches de verano eran frías y con mucho viento, un día vi el termómetro y marcaba ¡14 grados!, creo que fue en 1991. Yo era feliz.
Se suponía que en Montaña penaban espiritus pero yo no creía en eso, así que una noche después de surfear como loco y de tomarme un par de Pilsener me fui a dormir, estaba profundamente dormido cuando me sacudieron fuertemente la cama donde estaba (no era propiamente una cama, era casi como una pero no, no era una cama) y me desperté por la violencia del sacudón, no quería abrir los ojos porque no quería ver a La llorona junto a mí así que los abrí poco a poco, cuando me fijé bien, el cable del que colgaba el foco se movía de un lado para otro violentamente, salí corriendo del hostal y vi a Gabriela y Ned que estaban afuera también: hubo un temblor de esta vida y la otra.
Y no, no tuve ninguna experiencia paranormal por si acaso, pero sí se hablaba mucho de las cosas sobrenaturales que pasaban, excepto cuando mataron a Ned y lo velaron, eso fue en 1992 y nunca más regresé a Montaña sino un año después únicamente para cumplir un compromiso adquirido con unos auspiciadores para organizar el torneo internacional de surfing de 1993. Desde ahí volví en 2002 solo para comer.
Ese fin de semana, en el que murió Ned (el fundador del Rincón del Amigo, a quien llegué a querer muchísimo, lo consideraba mi segundo padre), entraron unas olas impresionantes, yo estaba acampando porque no quería perderme el swell pero no pude dormir, los aullidos de los perros eran algo que te hacía espeluznar el cuerpo, fue horrible, creo que duró dos o tres noches, pero lo soporté por las olas, coincidió con unos amaneceres hermosísimos, de película, entre dorados, violetas y rosados, con viento off shore, con olas grandes, perfectas, en tandas de diez a quince y para mí solito; todo eso está en mi memoria, creo que valió la pena resistir ese ambiente escalofriante.
¿Qué recuerdo de esos años?, la absoluta libertad, la sensación de que nada había más en el mundo sino una buena ola que correr, un buen pescado para la cena, el buen rock, un buen libro y una cerveza helada, pero la vida no puede ser tan liviana como eso, digo, así que aunque seguí surfeando en otras playas unos años más también seguí buscando cómo realizarme como persona, así que continué estudiando y tratando de avanzar en otros aspectos. Ahora, con algo de estabilidad financiera puedo sentarme a escribir mis experiencias de todos esos años para que no se pierdan sino que puedan ser contadas como historias de alguien que vivió la transición de Montañita, desde la que estaba en estado puro hasta su estado comercial, que no me gusta para nada.
Mi recomendación para los jóvenes es que se atrevan a vivir sus sueños, que vivan una vida sana pero que se preparen para el futuro porque los años pasan sin previo aviso y demasiado, demasiado rápido.
![]() |
| El autor |
Mucho de lo que cuenta el autor...en video.
TOMADO DE /http://www.comunidadfitnessecuador.com/



